domingo, abril 27, 2008

Aida en Alta Definición

El domingo recién pasado (20 de abril) haciendo el frecuentemente frustrante zapping después de las noticias, pasé nuevamente por el canal vive! HD, canal exclusivo de VTR, (frecuencia 800, que podemos sintonizar quienes tenemos el d-BOX|PRO de VTR) y me encontré ni más ni menos que con una excelente versión de la famosa ópera AIDA, de Giuseppe Verdi, montada en el famosísimo y exigente escenario del Teatro del Liceu de Barcelona.

Ya estaba el desarrollo en los inicios de la marcha triunfal del segundo acto, descollante de colorido, música, danza y multitudes, todos los cuales resultaban aún más imponentes al verlos en alta definición.

El comienzo del tercer acto, consigue, a través de una estupenda iluminación, una ambientación de gran profundidad e inmensa hermosura que acrecienta el dramatismo y romance de esta faraónica tragedia. El cuarto acto resulta imponente y nuevamente las luces contribuyen a una ambientación cautivante.

Me ha tocado en otras ocasiones presenciar óperas –en el Municipal de Santiago- en que la escenografía está pintada en grandes bastidores y telas que cuelgan en el escenario y en general resultan pobres, sin embargo, el trabajo de iluminación permite darle tridimensionalidad a una escenografía que además está extraordinariamente pintada, con lujo de detalles y preciosismos.

Las interpretaciones, tanto en voz como en actuación, son muy buenas, destacándose las del Joan Pons y Elisabetta Fiorillo.

Verdi recibió del Jedive de Egipto, Ismail Pachá, el encargo de componer una ópera, de ambiente egipcio, para que su estreno coincidiera con la inauguración del Canal de Suéz. Sin embargo, la apertura del Canal tuvo lugar el 17 de noviembre de 1869 y la ópera no estaba aún terminada por lo que tuvo que representarse "Rigoletto" (1851) del propio Verdi.

"Aida" fue estrenada en el Teatro de la Ópera del Cairo un año mas tarde, el 24 de diciembre de 1871.

El libreto es de Antonio Ghislanzoni y Camille du Locle, quines trabajaron en él en estrecha colaboración con Verdi.

Las Voces:

Joan Pons como Amonasro, rey de Etiopía y padre de Aída (barítono)

Stefano Palatchi interpretando al Faraón (Tenor)

Elisabetta Fiorillo en el rol de Amneris, hija del Faraón (mezzosoprano) (izq.)

Daniela Dessí en el papel de Aida (soprano)

Fabio Armiliato como Radamés, General egipcio (tenor)

Roberto Scandiuzzi encarnando a Ramfis, sumo sacedorte (bajo)

La dirección es de Toni Bargalló

La escenografía está montada con magnificas telas pintadas por Mestres Cabanes en 1945.

Por desgracia, no pude disfrutarla desde el principio, sin embargo busqué cuando la repetía y, aunque ello era en un horario poco apropiado a quines tenemos que levantarnos a trabajar temprano, dejé programado mi d-BOX para que la grabara completa. Confío en que VTR nos seguirá deleitando con espectáculos de este nivel.

Aprovecho esta tribuna para hacer algunas sugerencias a nuestros amigos de VTR. La primera y más obvia, el que no se le dio oportuna cobertura, lo que hizo que llegase a ella por el zapping. La segunda, que tratándose de espectáculos de esta envergadura y que usualmente no tenemos el privilegio de tener en nuestras pantallas, me parece que el horario adecuado de transmisión es a las 22:00 hrs. y no a las 21:00. La última, que el horario del programa permita grabarla completa; me perdí en la grabación los últimos minutos.

Averiguando en VTR me informaron que Aída se repite el 18 de mayo a las 20:00 hrs. Y no sólo eso, el domingo 27 de abril a las 22:00 hrs. emitirán la opera Merlín, en un montaje del Teatro Real de Madrid y posteriormente, el domingo 25 de mayo a las 22:00 hrs. transmitirán El Principito. Yo no conozco ninguna de las dos, será un buen momento para descubrirlas. Ya les contaré

domingo, marzo 30, 2008

Viento ¿Blanco?


Hace dos años, por mar sinrazones que rezones, dejé de escribir, sin embargo he decidido volver con más compromiso, para compartir con Uds. mi proceso de preparación de los títulos de la temporada 2008 del Teatro Municipal de Santiago, que este año tenía programados 6 títulos, sin embargo agregó uno en marzo, la opera chilena en dos actos Viento Blanco, sobre la cual comentaré en este primer posteo.

Se trata de una ópera inspirada en la tragedia ocurrida en el Volcán Antuco, donde fallecieron 45 jóvenes que hacían el Servicio Militar.

A quienes quieran hacerse una idea de esta obra, vean este extracto.
Antes de hacer ningún comentario, debo dejar establecido que me considero un ignorante en música del siglo XX y más aún del 21. En general encuentro esta música densa y su carencia de acordes me hace admirar -o compadecer- a quienes compran sus CDs. Ciertamente no es el tipo de música que me interesa ir escuchando en el auto. Sin perjuicio de ello, he asistido a algunas piezas como Wozek y Peter Grimes, que sin llevarme a la locura, he disfrutado, quizás por la calidad de la tragedia, en ambos casos, agobiantemente bien acompañadas por su música.

En el caso de Viento Blanco podría haber sido similar, pero pudieron más las carencias, que desgraciadamente no son pocas. Las voces tuvieron un desempeño mediocre. Hubo varios gallitos, voces que no daban el tono, desafinaciones y pérdidas de ritmo. Para qué decir la modulación de los cantantes. Creí que por tratarse de una ópera en español –más aún, en chileno, si es que existe- podría disfrutarla sin tener que recurrir a los sobretítulos que acompañan las piezas en idiomas extranjeros. Gracias a Dios se utilizaron pues me vi forzado a recurrir a ellos tanto o más que con las óperas alemanas, italianas, francesas e inglesas. Para ser justos, hay si acaso un par de voces experimentadas que se destacan por su calidad, sin embargo el conjunto es malo.

El texto me pereció carente de poesía, quizás a causas de lo anterior. Con todo, el primer acto me resultó pobre, rebuscado y repetitivo. El segundo, bastante mejor, siguió siendo mancillado por las voces, las mismas del primero.

Nota de excepción merecen los coros. Alabar el Coro del Teatro Municipal se ha vuelto lugar común, pero un muy merecidamente. Su desempeño es realmente notable en todas las presentaciones y esta no fue la excepción.

La escenografía, aunque correcta, decae al final en la marcha sobre la nieve, en que uno no sane si es eso o el sueño de un camino por las nubes.

La regie tiene cosas realmente bizarras, en particular la participación de dos periodistas que reportan la tragedia desde el regimiento y a las que se acercan sin cesar en una ridícula marcha, asistentes que les entregan las actualizaciones.

En los siglos de historia de la música los compositores haya buscado la forma de eludir la censura para poder tratar temas contingentes haciendo metáforas con hechos históricos, todo ello en épocas en que los poderes absolutos de los monarcas controlaban lo que el pueblo veía. En Chile hace años que la censura en las obras no existe -sobre cuántos puede haber opiniones diversas, sin embargo nadie en su sano juicio podrá decir que hoy existe- sin embargo sorprende que esta tragedia, que enlutó a Chile, a la ciudad de Los Ángeles, de donde eran muchos de los reclutas, y al Ejército; ocurra en un país sin nombre, en un cerro sin nombre y sin que en ningún memento se mencione siquiera que este hecho se llevó la vida de 45 muchachos. No logro entender qué es lo que hace que el compositor y libretista hayan omitido los antecedentes mínimos para situar geográficamente la obra y la magnitud del desastre, más aún cuando en un dudoso homenaje, ponen en escena a unas mujeres mapuches y algunos huasos… oriundos de este país sin nombre.

Es cierto que la obra, al menos en la función de estreno a la que asistí, ovacionó la obra, desgraciadamente creo que se debe mucho más a las relaciones de parentesco y amistad con el compositor, libretista e intérpretes, y a una buena dosis de chovinismo, más que a la discreta calidad de la obra, que veo poco probable que se reponga en el Municipal, más improbable aún que trascienda nuestras fronteras.

Creo que es importante que existan compositores nacionales, como Sebastián Errázuriz, que se atrevan a abordar tareas exigentes como ésta y al mismo tiempo estoy convencido que congratularnos por el sólo hecho de que existan, sin poner las mismas exigencias que le ponemos a otras obras, es un flaco favor al desarrollo adulto de nuestras artes.