lunes, mayo 01, 2006

È finita!

Así anucia Verdi al libretista que ha terminado Otello. Tenía más de 70 años y estaba listo para estrenar su vigésimo quinta ópera, sin considerar las revisiones y adaptaciones que él mismo hizo y estrenó de algunas de sus obras.

Demasiado obvio y aburrido repetir el refrán popular de que "los celos no engendran nada bueno", más en este caso, en que dieron origen, primero a la obra de Shakespeare y por sobre todo a esta potente y hermosa ópera de Verdi.

Verdi había decidido retirarse y dejar de trabajar. Su amigo y editor, Ricordi, le enviaba, desde que supo que se había embarcado en la música para esta obra, un negrito de chocolate para su cumpleaños, en alusión al "Moro" (Otello). Arrigo Boito, el libretista, limpió del original de Shakespeare, todas las referencias racistas de la obra, no por un cuidado de lo políticamente correcto, como podría parecer en nuestros días, sino para concentrarse en el drama principal que querían proyectar, los celos.

Otello es la penúltima ópera de Verdi, quien dejaría de componer luego de escribir Falstaff, cuyo libreto también es de Boito e igualmente está inspirada en personajes de obras de Shakespeare.

Volviendo a nuestra ópera, Otello ha caído en todas las trampas que le ha ido tejiendo Yago. Su sufrimiento es insoportable, llegando al límite de estar más dispuesto a perder a Desdémona en los brazos de la muerte que en los de Cassio. En su desesperación y locura decide matarla. Llega ésta, la penúltima escena de la obra, en que Otello entra a la habitación de Desdémona a asesinarla, ella despierta y encara la situación. Desdémona se da cuenta que no hay forma posible de convencer a Otello de que ella sólo lo ha amado a él y como última demostración de su amor, pide sólo un momento para rezar. Otello, fuera de sí la asesina.
Como podrán haberse dado cuenta; como tortura suprema, Otello se entera de que todo ha sido un montaje, Cassio ha dado muerte a Rodrigo y éste, al expirar ha confesado todo el montaje. Yago huye.



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La ópera no termina aquí, Otello, en el clímax del sufrimiento por haber asesinado a la mujer que lo amaba y por haberse cegado por los celos, se quita la vida.

Esta ópera casi no tiene, como las anteriores de Verdi, números, es un continuo de música y diálogo, los que van constituyendo el ambiente, la emoción de la obra. Aída sigue siendo considerada la pieza máxime de Verdi, sin embargo quizás Otello sea su obra más madura musicalmente.

Pese a Otello, los celos no siempre conducen a la destrucción y la muerte, a veces son la alerta que despierta amores aletargados. Los celos son a veces el temor a peder a quien se cree posesión de uno, otras, son el miedo a quedar solo, en ocasiones, pese a todo, son reveladores de la rutina y la pérdida de encantamiento, entonces los celos aparecen como un acicate que despierta pasiones olvidadas que en algunas ocasiones dan espacio al renacer del amor y con ello, dan paso a la vida.

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